En el marco de una clase de Salud Pública UC, el profesor Patricio Palavecino analizó críticamente los argumentos del MINSAL y Fonasa sobre la cobertura en salud bucal. Su llamado es claro: no basta con celebrar avances formales, es urgente abordar los problemas estructurales que limitan el acceso real a atención odontológica en Chile.
Entre la cobertura formal y el acceso real
La carta oficial, firmada por Bernardo Martorell, subsecretario de Redes Asistenciales, y Camilo Cid, director de Fonasa, destaca que más del 80 % de la población accede a programas odontológicos mediante atención primaria, GES y Copago 0. Asimismo, enfatiza el rol de más de 5.100 odontólogos del sistema público y los bonos PAD, que en 2024 beneficiaron a más de 55 mil personas.
Sin embargo, Palavecino advierte que estas afirmaciones confunden cobertura formal con cobertura efectiva. Aunque exista un derecho en el papel, con la dotación actual de profesionales resulta imposible garantizar acceso universal y oportuno. El acceso está organizado en programas aislados, lo que no responde adecuadamente a patologías crónicas como la caries o la enfermedad periodontal.
Las falencias en el discurso oficial
En su análisis, Palavecino señala que el ministerio omite un punto clave: la lista de espera odontológica, que es la más grande de todo el sistema de salud público en Chile. Además, aunque los bonos PAD amplían la cobertura, reducir un problema estructural a la entrega de 55 mil beneficios en caries —la enfermedad crónica más prevalente del país— resulta insuficiente para dimensionar la magnitud del desafío.
Por otra parte, el académico subraya que los gestos institucionales no han estado a la altura. La eliminación del cargo de Director Nacional de Odontología y la desaparición del departamento odontológico en DIGERA envían señales negativas, que contradicen la relevancia de la salud oral en la política pública.
La urgencia de afinar la puntería
Más allá del intercambio epistolar entre gremios y autoridades, Palavecino enfatiza que la discusión debe centrarse en resolver las brechas estructurales, no en maquillar los avances parciales. El gasto de bolsillo en odontología sigue siendo el segundo más alto del país, solo superado por medicamentos, y las medidas implementadas hasta ahora no se condicen con la magnitud del problema.
En este sentido, el llamado es a reconocer lo avanzado, pero sin invisibilizar las limitaciones reales del sistema. Para el académico, afinar la puntería significa asumir el desafío de construir políticas coherentes, con financiamiento sostenido y un enfoque integral en salud oral que realmente impacte en la población.
El debate abierto por la carta al director y su respuesta ministerial es una oportunidad para elevar el nivel de la discusión. No se trata de desconocer los logros alcanzados, sino de enfrentar con precisión técnica y voluntad política los enormes pendientes en salud bucodental. La columna de Palavecino deja un mensaje claro: mientras las señales estructurales sigan relegando a la odontología, la cobertura formal será solo un espejismo frente a una realidad que exige cambios urgentes.






















































