La acelerada transformación tecnológica, el envejecimiento de la población, la irrupción de la inteligencia artificial y los nuevos desafíos sanitarios están redefiniendo el perfil de los profesionales de la salud que demanda la sociedad. En este escenario, las universidades enfrentan el desafío de formar odontólogos y profesionales capaces de desenvolverse en contextos cada vez más complejos, integrando excelencia científica, innovación y una profunda vocación humanista.
Para profundizar en estos desafíos, en SmileAvenue conversamos con María Paz Rodríguez, Decana de la Facultad de Salud y Odontología de la Universidad Diego Portales y Directora Técnica del Centro de Salud UDP. Cirujana Dentista con una sólida trayectoria académica y ejecutiva, posee un Magíster en Ciencias de la Universidad de Chile, un Magíster en Educación y Formación Universitaria, un MBA de la Universidad del Desarrollo y formación en Alta Dirección Empresarial de la Universidad de Columbia.
A lo largo de su carrera ha liderado procesos de transformación institucional, innovación educativa, aseguramiento de la calidad y modernización de la gestión académica. Además, ha impulsado iniciativas relacionadas con inteligencia artificial, transformación digital, investigación aplicada e internacionalización, promoviendo la incorporación transversal de tecnologías emergentes en diversas disciplinas.
En esta entrevista reflexiona sobre el futuro de la educación odontológica, el impacto de la inteligencia artificial, la importancia de la formación interdisciplinaria y el rol que deberán asumir las facultades de salud para responder a los desafíos de las próximas décadas.
Como Decana de la Facultad de Salud y Odontología de la UDP, ¿cuáles considera que son los principales desafíos que enfrenta actualmente la formación de profesionales de la salud en Chile?
Con frecuencia se afirma que el principal desafío de la formación en salud consiste en incorporar nuevas tecnologías o actualizar conocimientos. Sin embargo, considero que los desafíos actuales son mucho más profundos. La verdadera pregunta es: ¿cómo formar profesionales para un mundo cuya principal característica es, precisamente, la incertidumbre?
Durante décadas educamos para escenarios relativamente estables. Hoy, en cambio, nuestros estudiantes ingresan a un sistema de salud marcado por transformaciones demográficas, tecnológicas, culturales y ambientales que modifican permanentemente la manera en que entendemos el bienestar, la enfermedad y el cuidado.
La irrupción de la inteligencia artificial, el envejecimiento poblacional, las crecientes expectativas ciudadanas respecto de la atención sanitaria y los efectos de fenómenos globales como el cambio climático nos obligan a replantearnos una pregunta esencial: ¿qué significa ser profesional de la salud en el siglo XXI?
La universidad no puede limitarse a transmitir conocimientos. Lo verdaderamente perdurable es la capacidad de pensar, deliberar frente a dilemas complejos, comprender la experiencia humana del sufrimiento y actuar responsablemente en contextos donde las respuestas no siempre son evidentes.
Por ello, tengo la convicción de que los principales desafíos de la educación en salud consisten en fortalecer la formación interdisciplinaria, incorporar la alfabetización digital y el uso ético de tecnologías emergentes —incluida la inteligencia artificial— y reforzar competencias humanas como la comunicación, la empatía, el liderazgo y el trabajo colaborativo.
Finalmente, debemos formar profesionales con una profunda conciencia social y una gran capacidad de adaptación, comprendiendo que el conocimiento técnico seguirá siendo indispensable, pero que la capacidad de aprender de manera continua será, probablemente, la competencia más importante de todas.
“La innovación más importante no será tecnológica, sino cultural”
Usted ha impulsado múltiples iniciativas de innovación educativa. ¿Qué transformaciones concretas cree que deben experimentar las escuelas de odontología para responder a las necesidades de las nuevas generaciones de estudiantes y pacientes?
Las escuelas de Odontología estamos llamadas a protagonizar una de las transformaciones más significativas de nuestra disciplina. Durante décadas centramos nuestros esfuerzos en enseñar técnicas y procedimientos; hoy debemos formar profesionales capaces de comprender a las personas, gestionar información y tomar decisiones en entornos complejos.
Esto implica evolucionar desde currículos organizados exclusivamente por disciplinas hacia experiencias de aprendizaje más integradas, centradas en competencias y en la resolución de problemas reales. Asimismo, exige incorporar nuevas metodologías, como la simulación clínica, las tecnologías emergentes, la robótica, la inteligencia artificial, la analítica del aprendizaje y las experiencias clínicas progresivas.
Sin embargo, la innovación más importante no será tecnológica, sino cultural.
Los pacientes de hoy demandan cirujanos dentistas capaces de escuchar, comunicar riesgos, comprender los contextos sociales y construir relaciones de confianza. Por ello, la odontología del futuro deberá encontrar un equilibrio entre la excelencia técnica y la humanización del cuidado.
Las escuelas que logren integrar ciencia, tecnología y sensibilidad humana no solo formarán mejores odontólogos, sino también mejores profesionales para una sociedad que exige cada vez mayores estándares de calidad, transparencia y cercanía.
“La inteligencia artificial no reemplazará a los profesionales de la salud; reemplazará a quienes no sepan trabajar junto a ella”
La inteligencia artificial está generando cambios significativos en múltiples disciplinas. ¿Cómo visualiza su impacto en la formación de los futuros odontólogos y profesionales de la salud?
La inteligencia artificial (IA) representa, probablemente, la transformación más relevante que enfrentará la educación en salud. Sin embargo, considero que el debate no debe centrarse en si utilizaremos esta tecnología, sino en cómo la utilizaremos.
En el ámbito formativo, la IA permitirá personalizar el aprendizaje, generar simulaciones complejas, apoyar la toma de decisiones clínicas y optimizar procesos educativos que hoy demandan enormes cantidades de tiempo. Los estudiantes podrán acceder a tutores virtuales, análisis automatizados de desempeño y experiencias de aprendizaje adaptativas, entre muchas otras posibilidades.
No obstante, existe una reflexión aún más profunda. Cuando una tecnología comienza a realizar tareas cognitivas que históricamente definían nuestra profesión, la pregunta deja de ser qué puede hacer el algoritmo artificial y pasa a ser qué seguirá siendo exclusivamente humano.
Por ello, el desafío de las escuelas de odontología no consiste únicamente en enseñar a utilizar la inteligencia artificial, sino en formar profesionales capaces de cuestionarla, supervisarla y utilizarla de manera ética.
Estoy convencida de que la inteligencia artificial no reemplazará a los profesionales de la salud; reemplazará a quienes no sepan trabajar junto a ella.
“La tecnología debe estar siempre al servicio de la experiencia humana”
Uno de los ejes de su trabajo ha sido integrar tecnología y humanismo. ¿Cómo se logra mantener una formación centrada en las personas en un contexto cada vez más digitalizado?
Tengo la convicción de que debemos abandonar la falsa dicotomía entre tecnología y humanismo. La verdadera pregunta no es cuánto incorporamos tecnología, sino para qué la incorporamos.
Cuando la tecnología se transforma en un fin en sí misma, corremos el riesgo de deshumanizar tanto la educación como la atención sanitaria. En cambio, cuando se utiliza para liberar tiempo, mejorar la seguridad, reducir errores y ampliar el acceso a la atención, puede fortalecer precisamente aquello que más valoramos: la relación humana.
Mantener una formación centrada en las personas implica recordar permanentemente que detrás de cada imagen radiográfica, cada algoritmo y cada dato clínico existe una persona con expectativas, temores y necesidades.
Por ello, en la Facultad de Salud y Odontología de la Universidad Diego Portales promovemos una visión en la que la innovación tecnológica esté siempre al servicio de la experiencia humana.
La tecnología debe ayudarnos a ser más eficientes; el humanismo debe recordarnos por qué hacemos lo que hacemos.
“El juicio profesional marcará la diferencia en la próxima década”
Desde su experiencia en gestión académica, ¿qué competencias serán más relevantes para los profesionales de la salud durante la próxima década, más allá del conocimiento técnico?
Las competencias técnicas continuarán siendo fundamentales, pero dejarán de ser suficientes para distinguir a un cirujano dentista, tanto en Chile como en el resto del mundo.
Durante los próximos años, y tal como ya ocurre en otras industrias, veremos una creciente valoración de competencias como el pensamiento crítico, la adaptabilidad, la inteligencia emocional, la comunicación efectiva, el liderazgo colaborativo y el aprendizaje continuo. La velocidad con la que evoluciona el conocimiento hace imposible pensar en una formación cerrada para toda la vida profesional.
Asimismo, la capacidad para trabajar con datos, comprender tecnologías emergentes y desenvolverse en equipos interdisciplinarios será cada vez más relevante.
Sin embargo, si tuviera que destacar una competencia por sobre todas las demás, elegiría el juicio profesional.
En un mundo donde abundará la información y donde la inteligencia artificial podrá sugerir múltiples alternativas, será la capacidad humana para interpretar contextos, ponderar valores y tomar decisiones responsables la que marcará la verdadera diferencia.
“La sostenibilidad ya no es un tema complementario; es una responsabilidad ética”
La sostenibilidad se ha convertido en un tema transversal para las organizaciones. ¿Qué rol deberían asumir las facultades de salud en la promoción de prácticas sostenibles y socialmente responsables?
Las facultades de salud no pueden permanecer ajenas a los grandes desafíos que enfrenta hoy nuestro planeta. El cambio climático, la contaminación y las inequidades sociales tienen consecuencias directas sobre la salud de las personas y las comunidades.
Por ello, las universidades debemos avanzar desde una visión centrada exclusivamente en la atención sanitaria hacia una perspectiva más amplia de salud planetaria, formando profesionales capaces de comprender la interdependencia entre la salud humana, la salud animal y la salud ambiental.
En este contexto, resulta indispensable incorporar las denominadas competencias verdes, entendidas como aquellos conocimientos, habilidades y actitudes que permiten ejercer la profesión considerando los desafíos ambientales y el desarrollo sostenible.
La sostenibilidad ya no puede entenderse como un tema complementario; constituye una responsabilidad ética que debe estar presente en los currículos, la investigación, la gestión institucional y la vinculación con el medio.
Sin duda, ese será uno de nuestros grandes desafíos para los próximos años.
“La calidad no es un estado que se alcanza, sino un proceso permanente de transformación”
Ha liderado procesos de transformación institucional y aseguramiento de la calidad. ¿Qué elementos son fundamentales para construir una cultura de mejora continua dentro de una escuela de odontología?
Las facultades y universidades que logran avanzar de manera sostenida son aquellas capaces de transformar la evaluación en una verdadera oportunidad de aprendizaje organizacional.
Para ello se requiere liderazgo, transparencia, participación y, sobre todo, la capacidad de escuchar.
Una cultura de mejora continua —y de accountability— se construye cuando directivos, académicos, estudiantes y equipos profesionales comprenden que la calidad no es un estado que se alcanza de una vez y para siempre, sino un proceso permanente de reflexión, aprendizaje y transformación.
Asimismo, resulta fundamental contar con evidencia que respalde la toma de decisiones, implementar mecanismos efectivos de retroalimentación y mantener una visión estratégica que permita proyectar el futuro sin perder de vista el propósito institucional.
Solo de esa manera las instituciones pueden responder de forma pertinente a los cambios que exige la educación superior y la sociedad.
“La diversidad no constituye una dificultad; representa una oportunidad para enriquecer la educación superior”
En los últimos años se ha fortalecido la discusión sobre equidad e inclusión en educación superior. ¿Qué avances considera prioritarios para seguir construyendo entornos formativos más diversos e inclusivos?
La inclusión debe entenderse como una participación efectiva y un verdadero sentido de pertenencia dentro de la comunidad universitaria.
Las facultades y escuelas de odontología tenemos el desafío de reconocer que nuestros estudiantes poseen trayectorias, capacidades, culturas y experiencias muy diversas. En consecuencia, nuestros modelos educativos deben ser lo suficientemente flexibles para responder a esa diversidad sin comprometer la excelencia académica.
Considero prioritario avanzar en aspectos como la accesibilidad universal, el apoyo a estudiantes neurodivergentes, la incorporación de la perspectiva de género, el fortalecimiento del bienestar integral y el desarrollo de una educación cada vez más personalizada.
Estoy convencida de que la diversidad no constituye una dificultad para la educación superior; por el contrario, representa una oportunidad para enriquecerla, fortalecerla y hacerla más pertinente frente a las necesidades de la sociedad actual.
Las transformaciones que hoy enfrenta la educación superior exigen repensar no solo la forma en que se enseña la odontología, sino también el perfil de los profesionales que demanda una sociedad cada vez más compleja, digital y cambiante.
Para María Paz Rodríguez, el desafío trasciende la incorporación de nuevas tecnologías. Su visión sitúa en el centro de la formación competencias como el pensamiento crítico, el aprendizaje continuo, el liderazgo, la empatía y la capacidad de integrar innovación con un profundo sentido humanista.
Una mirada que invita a comprender que el futuro de la odontología dependerá, no solo de los avances científicos y tecnológicos, sino también de la capacidad de las instituciones de formar profesionales preparados para responder, con criterio, ética y compromiso social, a los desafíos de las próximas décadas.
































