Cuando la pérdida de estructura dentaria exige algo más que rehabilitación: diagnóstico,
planificación y técnica en equilibrio.
El desgaste dental severo, especialmente de origen erosivo, representa uno de los mayores desafíos
clínicos para los rehabilitadores orales. Lejos de ser un simple problema estético, el desgaste extremo compromete la función, altera la oclusión, afecta la fonación y puede deteriorar significativamente la calidad de vida del paciente.
Pero ¿cómo enfrentar casos donde la pérdida de esmalte y dentina es tan profunda que modifica por
completo la dimensión vertical? ¿Qué debe priorizarse en la planificación: la estética, la función o la
biología? En esta nota abordamos las claves clínicas que permiten enfrentar estos escenarios con
éxito.
Diagnóstico: la base para una rehabilitación predecible
El primer paso es entender el origen del desgaste. En los casos erosivos, la dieta ácida, el reflujo
gastroesofágico y los trastornos alimentarios suelen estar detrás de la destrucción progresiva del
esmalte. Una anamnesis profunda, complementada con fotografías clínicas, modelos de estudio y
registros oclusales, permite trazar un diagnóstico certero.
El uso de escalas como la BEWE (Basic Erosive Wear Examination) es útil para cuantificar la
severidad del daño y decidir si la intervención debe ser localizada o global.
Planificación: devolver forma, función y dimensión
Una vez determinado el nivel de compromiso, el desafío está en restaurar la dimensión vertical
perdida, sin generar sobrecarga muscular ni interferencias oclusales. Aquí, el uso de mock-ups y encerados diagnósticos es clave, ya que permiten testear la nueva altura oclusal en condiciones
reales, antes de intervenir definitivamente.
En casos severos, puede ser necesario reorganizar la oclusión completa con restauraciones
indirectas. Esto debe ir acompañado de un diseño funcional, con guías adecuadas y protección de
las restauraciones.
Elección de materiales: adhesión y resistencia
La selección del biomaterial dependerá del grado de desgaste, la superficie disponible para la
adhesión y la expectativa estética del paciente. En dientes anteriores, cerámicas feldespáticas o
disilicato de litio ofrecen excelentes resultados cuando hay suficiente soporte. En sectores posteriores, las resinas compuestas indirectas o incluso restauraciones híbridas pueden ser preferibles por su resiliencia.
Sea cual sea el material, el éxito dependerá de una adhesión controlada, un protocolo clínico
riguroso y un seguimiento postoperatorio constante.
Trabajo interdisciplinario: más allá de la odontología restauradora
Los casos de erosión dental severa exigen una mirada integral del paciente. Si hay etiologías
sistémicas (como reflujo, bulimia o hiposalivación), será clave trabajar junto a médicos, nutricionistas
y especialistas en salud mental. De lo contrario, la rehabilitación estará condenada al fracaso.
Restaurar es también prevenir
En un contexto donde los pacientes llegan cada vez más informados y demandan resultados
duraderos, el odontólogo restaurador debe asumir un rol preventivo, educador y clínico a la
vez. Restaurar dientes no solo implica devolverlos a su forma original, sino reconstruir la confianza,
la función y el bienestar del paciente.


































































































































